Después de 13 años de servicio, el Proyecto Génesis concluyó oficialmente su ciclo en la Región Mesoamérica en agosto de 2026, dejando como fruto nuevas obras, iglesias organizadas, miles de personas impactadas y una generación de misioneros movilizados para servir.
El Proyecto Génesis comenzó su labor en agosto de 2013 como una iniciativa de la Región Mesoamérica enfocada en la misión urbana y la plantación de iglesias en lugares donde la presencia de la Iglesia del Nazareno era nula o limitada, mediante el envío de equipos misioneros.
El proyecto inició bajo el liderazgo de Scott y Emily Armstrong, quienes lo impulsaron desde sus comienzos y estuvieron al frente de Génesis hasta mediados de 2024. A partir de ese momento, Erika Chaves asumió la coordinación y acompañó la etapa final del proyecto hasta su cierre en agosto de 2026.
En 2014, la primera generación de Génesis estuvo integrada por siete misioneros: cuatro fueron enviados a Santo Domingo, República Dominicana, y tres a Veracruz, México. Cada generación asumía un compromiso de dos años de servicio, durante los cuales los equipos acompañaban a las comunidades, compartían el amor de Cristo y participaban en la plantación de nuevas iglesias.
A lo largo de sus 13 años de trayectoria, 42 misioneros fueron enviados a servir en 14 sitios: Turcos y Caicos; Granada; Santo Domingo (República Dominicana); Veracruz (México); San Pedro Sula (Honduras); Santiago (República Dominicana); Guadalajara (México); Querétaro (México); Panamá; Monterrey (México); Quetzaltenango (Guatemala); Chihuahua (México); Santa Ana (El Salvador) y Curazao.
Como resultado de este esfuerzo, se iniciaron 19 nuevas obras y se organizaron nueve iglesias. Además, más de 10,000 personas fueron impactadas a través del ministerio desarrollado por los equipos de Génesis.
El proyecto movilizó misioneros provenientes de nueve países: Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana y Trinidad y Tobago. A su vez, 22 distritos participaron activamente, ya fuera enviando y sosteniendo misioneros o recibiendo a los equipos en los lugares donde se desarrollaba el proyecto.
Uno de los legados de Génesis se encuentra también en quienes respondieron al llamado para servir. Más de 30 jóvenes menores de 35 años fueron movilizados a través del proyecto y, para muchos, la experiencia se convirtió en un espacio para descubrir o confirmar el llamado de Dios para sus vidas. Al cierre del proyecto, el 67 % de quienes sirvieron como misioneros continuaba participando en ministerios locales, distritales, de área o regionales.
Una de ellas es Eunice Zaragoza, de México, quien sirvió como misionera en San Pedro Sula, Honduras, de 2015 a 2017.
“Este tiempo me ayudó a confirmar mi llamado y a poder ver el poder y el respaldo de Dios en todo tiempo. Hoy sigo sirviendo dentro de mi distrito como presbítero”, compartió Zaragoza.
Durante la pandemia, los equipos que servían en Quetzaltenango (Guatemala) y Monterrey (México) tuvieron que adaptar sus formas de ministerio a las restricciones del momento, pero continuaron compartiendo el amor de Dios y trabajando en la plantación de iglesias.
El legado de Génesis permanece también en las vidas de quienes recibieron el mensaje de salvación y el acompañamiento de los equipos misioneros. En Santa Ana, El Salvador, aún se da seguimiento a algunas de las personas alcanzadas durante el proyecto.
Entre ellas está Idalia, quien recibió las visitas de los misioneros de Génesis y compartió que, a través de esos encuentros, Dios llevó consuelo, paz y esperanza a su vida.
Albero Siliezar, también de Santa Ana, compartió cómo el acompañamiento de los misioneros contribuyó a que volviera a acercarse a la iglesia.
“Yo tenía años de no acercarme a una iglesia. Con ellos me acerqué nuevamente, pero por la edad que tengo se me imposibilitaba reunirme presencialmente. Su labor aquí en la casa y sus oraciones dieron tantos frutos que todavía estamos cosechando”, expresó Siliezar.
El cierre de Génesis marca el final de un ciclo para la Región Mesoamérica. Con gratitud, se reconoce a Scott y Emily Armstrong, quienes dieron inicio y acompañaron el proyecto durante más de una década; a Erika Chaves, quien lideró su etapa final; a cada misionero que respondió al llamado de Dios; a los distritos e iglesias que asumieron el compromiso de enviarlos y sostenerlos; y a las comunidades que abrieron sus puertas para recibirlos y caminar junto a ellos.
Aunque el Proyecto Génesis concluye, la misión continúa. La Región Mesoamérica se prepara para una nueva temporada y nuevos proyectos, agradecida por todo lo que Dios hizo durante estos 13 años y con esperanza por lo que Él continuará haciendo a través de su Iglesia.
Fuente: Teresa De Cuesta, Coordinadora de Sitios y Proyectos de Personal Misionero, y archivos históricos de la Región Mesoamérica.














