Los Pastores También Pueden Poner Límites

Estrategias para introducir ritmos saludables en una cultura eclesiástica disfuncional.

MICHAEL MACKENZIE

“Si hago estos cambios, podría perder mi trabajo”, me dijo un pastor.

Por el bien de la honestidad, le respondí: «Sí, podrías».

He tenido muchas versiones de esta conversación con los pastores a los que aconsejo. Muchos están frustrados, agotados y dispuestos a renunciar. Algunos no han tenido unas vacaciones de verdad en años. Otros sufren ataques de pánico u otros síntomas de estrés extremo. Han descuidado su matrimonio, sus hijos, su salud física y sus pasatiempos personales. Se han encontrado trabajando 60, 70 o incluso 80 horas semanales.

Durante los últimos 20 años, me he especializado en asesorar a pastores, los últimos 10 años en un centro de retiros para pastores y líderes ministeriales. Muchos de estos pastores se han dado cuenta de que ya no pueden seguir ejerciendo su ministerio como antes. Pero también son muy conscientes de una dolorosa realidad: Es posible que sus iglesias no apoyaran el establecimiento de límites saludables. De hecho, esto podría conducir a sus despidos.

Antes de que se vaya

Está muy bien que los pastores se esfuercen por establecer límites sanos, pero eso es sólo la mitad del problema. Hay dos partes en esta relación: el pastor y la congregación. ¿Qué pasa si la congregación no respeta los límites saludables del pastor? ¿Qué pasa si siguen esperando que el pastor esté disponible a todas horas, todos los días de la semana? ¿Que celebre todas las bodas y todos los funerales? ¿Que dirija todos los programas? ¿Y después qué?

Cuando mi esposa, Kari, y yo teníamos una consulta privada de asesoramiento, ocasionalmente brindábamos apoyo a adultos jóvenes que aún vivían en casa, pero en situaciones disfuncionales, como padres que luchaban contra la adicción. Los jóvenes deseaban estar sanos.

Evalué que podían tomar cuatro caminos potenciales:
1. Intentar mantenerse sanos en un sistema disfuncional sin cambios.
2. Cambiar el sistema para que todo el mundo estuviera más sano.
3. Salir y estar sano.
4. Ceder y asumir la disfunción.

Los pastores pueden encontrarse en situaciones muy parecidas y, según mi experiencia, muchos optan por la puerta 3 o 4. Puede que al principio intenten la puerta 1. Pero intentar repetidamente mantener límites sanos en medio de una presión persistente para que no lo hagan puede acabar siendo más agotador que simplemente sucumbir a las expectativas poco realistas. Así que los pastores se marchan, creyendo que nada cambiará en sus iglesias. O renuncian a los cambios que esperaban hacer, resignados a que así son las cosas en el ministerio, así que será mejor que se acostumbren.

¿Deben los pastores irse o rendirse? No. En muchos casos, antes de que sea necesario irse -o antes de que los despidan- pueden probar la puerta 2: sanarse y llevarse a sus iglesias con ellos. Un pastor puede crecer en buenos límites y ayudar estratégicamente a la iglesia en este proceso también.

¿Quién puede dar el paso al frente?

A menudo, los pastores llegan a nuestro centro de retiros habiendo trasnochado la noche anterior para colocar las últimas piezas en su sitio, de modo que sus responsabilidades queden cubiertas durante su ausencia. Este último empujón revela una realidad común en la iglesia: Nadie está ya capacitado para hacerse cargo de varios aspectos de la función del pastor, por lo que ahora él o ella está luchando por encontrar gente que lo haga. La buena noticia es que, por lo general, los pastores encuentran personas que dan un paso al frente y se hacen cargo.

Søren Kierkegaard escribió: «Cuanto más se limita una persona, más ingeniosa se vuelve». Muchos pastores se han vuelto expertos en hacer muchas cosas. Un cambio en la cultura de la iglesia puede comenzar cuando un pastor considera con franqueza estas preguntas: ¿Qué pasaría si no pudiera presentarme la próxima semana? ¿Qué pasaría? ¿Quién haría qué? ¿Qué es lo único que puedo hacer y en qué debo centrarme? En palabras de Kierkegaard, ¿Cómo podría centrarme en la intensidad y no en la extensión?

Encontrar y formar a otras personas que estén dispuestas a cumplir diversas responsabilidades del pastor es un paso fundamental para mantener unos límites sanos. Por ejemplo, orientar a un anciano que tenga inclinación hacia la predicación. Llevar a un feligrés con corazón pastoral a las visitas al hospital. Entrenar a alguien para que dirija las reuniones en ausencia del pastor. Esto no sólo ayuda a mantener las cosas funcionando cuando el pastor está ausente o concentrado en otras tareas, sino que también puede conducir a expresiones regulares de ministerio laico.

Equipar intencionadamente a otros para que asuman algunas responsabilidades pastorales ayuda al cuerpo de la iglesia a crecer y madurar. Permite que el pastor se quite algunas cosas de encima, hace que los líderes laicos comprendan mejor y sientan empatía por la posición del pastor, y es una intervención directa contra la principal resistencia a los límites del pastor. La principal razón por la que la gente se resiste a los límites de otra persona es porque creen que esos límites les quitan algo que quieren o necesitan. La gente en una iglesia se resiste cuando un pastor dice: «No, no voy a hacer eso», porque piensan que están perdiendo algo. Esto puede deberse a su propio miedo, inseguridad, pereza, sentido de propiedad o incluso orgullo por lo bueno que es el pastor en una función. Pero cuando queda claro que otra persona puede hacer una tarea determinada, la gente aprende que no tiene por qué temer perder algo.

Póngalo por escrito

Un componente esencial para que una iglesia respete los límites saludables de su pastor es contar con una descripción realista y por escrito de su trabajo, que proporcione claridad sobre las expectativas de la iglesia respecto a esa función. Un pastor puede reunirse con los líderes de la iglesia para evaluar y ajustar la descripción del trabajo, añadiendo especificidad cuando sea posible, como detallar las horas de trabajo semanales esperadas, el número de domingos que se espera que el pastor predique al año o el número máximo de bodas que se espera que celebre en un año.

Un gran obstáculo al que puede enfrentarse un pastor es cuando otros líderes de la iglesia (como los ancianos o la junta de la iglesia) no tienen una visión completa de todo lo que él o ella hace. En esta situación, un pastor puede llevar un registro durante un mes, anotando todo el tiempo dedicado a las tareas del ministerio (incluyendo cosas como conversaciones de texto con los miembros de la iglesia). Este registro ayudará a otros líderes a comprender la lucha del pastor por limitar el número de horas de trabajo a la semana y puede suscitar un debate fructífero sobre cómo priorizar las principales tareas del pastor, como la preparación de sermones.

Cuando las responsabilidades pastorales son limitadas, específicas y apoyadas, y la congregación experimenta un pastor renovado, apasionado, centrado y entusiasmado, ven el beneficio de que el pastor elija sabiamente en qué se centra y en qué no.

Dejar que la Escritura enseñe

A medida que los pastores crecen y profundizan en la madurez espiritual y la salud en Cristo -particularmente en el área de los límites- pueden transmitir estas lecciones a sus congregaciones desde el púlpito. Esto beneficia no sólo a los propios pastores, sino también a todos los que escuchan, ya que cultiva un ritmo sabio y prioridades semejantes a las de Cristo tanto en los laicos como en los líderes de la iglesia.

Predicar sobre los valores bíblicos subyacentes que impulsan los buenos límites puede adoptar muchas formas. Por ejemplo, los pastores podrían predicar sobre temas bíblicos, como que proteger el corazón es vital porque es la fuente de la vida, o que cada miembro del cuerpo de Cristo está llamado a ser una mano, un pie o un ojo, y que los límites pueden ayudar a las personas a mantenerse dentro de su vocación. Los sermones podrían explorar lo importante que es dar prioridad al descanso Sabático o cómo nuestra identidad en Cristo nos libera para decir sí o no a las cosas. Mensajes como éste pueden fomentar una cultura eclesial que establezca expectativas saludables tanto para los miembros de la iglesia como para el personal pastoral.

Para aclarar aún más a la congregación lo que hace y lo que no hace el pastor, puede ser eficaz un sermón sobre el papel bíblico del pastor (especialmente uno impartido por un predicador invitado). También sería sabio que un líder que no sea el pastor compartiera los componentes clave de la descripción del trabajo del pastor con la congregación durante una reunión de negocios de la iglesia.

Un riesgo que merece la pena

Cuando un pastor se enfrenta al temor de que la congregación no respete sus límites, creo que es mejor que comunique a los líderes de la iglesia que el acuerdo actual no funciona e intente ayudar a que las cosas cambien, en lugar de marcharse sin hacer ruido o esperar a que le despidan. Establecer límites, pedir el apoyo de los líderes y de la congregación y delegar funciones son los pasos correctos, aunque fracasen.

Aunque he visto a pastores lanzar un Dios te Salve María de última hora para establecer límites que eran aceptados por los líderes de la iglesia y la congregación, tristemente, también he visto a los receptores dejar caer la pelota. Esta es una dolorosa realidad a la que se enfrentan algunos pastores. Aunque no está garantizado el éxito, trabajar paciente y estratégicamente para intentar cambiar la cultura de la iglesia de modo que se valoren los límites saludables (incluidos los del pastor) es bueno para todos. Merece la pena correr el riesgo. Si el pastor es el pastor que está llamado a ser, comprometiéndose con cada uno del rebaño tal y como está llamado a ser, se creará una hermosa expresión del cuerpo tal y como todos estamos llamados a ser.

Michael MacKenzie es consejero licenciado y pastor ordenado. Ha asesorado a pastores y otros líderes cristianos durante los últimos 20 años y actualmente es director ejecutivo de Marble Retreat (Retiro del mármol). Es autor de Don’t Blow Up Your Ministry (No haga explotar su ministerio).

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Traducido por: Elizabeth Guevara Cabrera.