Cuando Dios llama, la obediencia se convierte en misión.

Semana Misionera unió EXPLORE y Máxima Misión en Petén, Guatemala, conectando formación misionera con servicio práctico en la comunidad.

Del 30 de marzo al 4 de abril, el Distrito Guatemala Norte vivió una Semana Misionera en Petén que integró EXPLORE y Máxima Misión. La primera parte reunió a 19 participantes provenientes de cinco distritos del área norte. (EXPLORE en Petén impulsa el llamado misionero en Guatemala)

Como parte de esta misma semana, 14 de esos 19 jóvenes continuaron sirviendo en la Máxima Misión, realizada del 2 al 4 de abril en el caserío La Unión, entre San Benito y Santa Elena. Allí se unieron a un equipo ampliado de más de 35 participantes con el propósito de compartir el amor de Cristo de manera práctica y cercana.

La comunidad visitada forma parte del trabajo que la Iglesia del Nazareno de Santa Elena desarrolla como un nuevo punto de predicación. Según la información compartida, la iglesia mantiene reuniones cada semana en ese lugar y trabaja con niños al menos dos veces por semana, dando seguimiento al ministerio en la zona.

Durante esos días, el equipo visitó aproximadamente 40 hogares. También se realizaron actividades para distintos grupos de la comunidad: 35 niños participaron en los espacios dirigidos para ellos, 12 mujeres formaron parte de los talleres, 20 jóvenes participaron en Nazagol y alrededor de 20 personas asistieron a la proyección de la película Jesús.

La Semana Misionera también dejó fruto espiritual. La Semana Misionera también dejó fruto espiritual. Aproximadamente 6 niños, una mujer y 2 personas más, después de la presentación de la película, decidieron seguir a Jesús y recibirlo como Señor y Salvador.

Los testimonios de los participantes reflejaron lo vivido durante esos días. Azucena Mayen compartió: “Llegué a La Máxima pensando que iba a ayudar a otros, pero fui yo quien más cambió… Hoy quiero seguir aprendiendo más de la palabra de Dios, servir más en mi iglesia y volver a vivir una experiencia tan única”.

Zoé Urizar expresó: “Fue una experiencia inolvidable, donde sentí el abrazo de Dios a mi vida… Dios me sigue recordando que Él va delante de mí, así que seguiré esforzándome y capacitándome para cumplir su misión”.

Esta Semana Misionera recordó una verdad sencilla y poderosa: cuando la iglesia abre espacios para escuchar a Dios y responder con obediencia, una generación puede dar pasos concretos en la misión.

Fuente: Jhoselyn Barrios, coordinadora de Movilización Misionera, Área Norte.